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Seminario: El lenguaje simbólico de los sueños


Te invitamos a participar de este Seminario especial que te permitirá conocer y comprender claves psicológicas, simbólicas y esotéricas sobre los Sueños. Estará a cargo de dos especialistas en la materia venidos especialmente de Francia. ¡Aprovechá esta oportunidad irrepetible!

1era Parte: Claves de Interpretación: Desde la psicología Junguiana, el Arte y los Lenguajes Sagrados

A cargo de: Prof. Laura Winckler

2da Parte: Los sueños y el despertar interior: Según el Budismo Tibetano y el Manduka Upanishad Hindú

A cargo de: Prof. Fernando Schwarz

Belgrano - Sede Central Nueva Acrópolis
 Amenabar 863 - Tel: 4784-7476
 Sáb 10/Sep - 18:00 hs

Voluntariado Nueva Acrópolis

El mundo necesita ayuda...

¿Y vos que vas a hacer?

Ofrecemos oportunidades de voluntariado y formación en proyectos solidarios y ambientales.

Los proyectos están orientados a:

- Aumentar el grado de conciencia del hombre respecto a su papel en la naturaleza y en el medioambiente.

- Demostrar la posibilidad que tiene cada ser humano sin importar su edad de crecer para lograr un cambio en el mundo.

- Despertar los valores humanos por medio de un servicio desinteresado hacia la sociedad.

- Proyectos de formación en valores para niños y jóvenes.

Campañas solidarias con escuelas rurales.

Voluntariado en reservas naturales.

Podrás dar una mano y aprender al mismo tiempo.

Miércoles: 20 a 22 hs- Sede Central Nueva Acrópolis

Belgrano - Sede Central
 Amenabar 863 - Tel: 4784-7476
 Miércolesde 20:00 a 22:00hs
Provincia de Córdoba
 Deán Funes 938 - Tel: (0351) 427-1826

Conferencia: La importancia de creer en sí mismo

Las falsas exigencias sociales y la creación de estereotipos que cambian permanentemente con la moda nos hacen dudar de nuestras verdaderas capacidades tornándonos débiles o dubitativos. Es de vital importancia que encontremos aquellos valores y principios fundamentales del Ser Humano y podamos construir a partir de ellos nuestra propia identidad, confiando verdaderamente en nosotros mismos.

Orador: Prof. Lucas Perfumo

Belgrano - Sede Central Nueva Acrópolis
 Amenabar 863 - Tel: 4784-7476
 Sáb 17/Sep - 20:15 hs

Bruja de Julio Cortázar

Bruja 

Deja caer las agujas sobre el regazo. La mecedora se mueve imperceptiblemente. Paula tiene una de esas extrañas impresiones que la acometen de tiempo en tiempo; la necesidad imperiosa de aprehender todo lo que sus sentidos puedan alcanzar en el instante. Trata de ordenar sus inmediatas intuiciones, identificarlas y hacerlas conocimiento: movimiento de la mecedora, dolor en el pie izquierdo, picazón en la raíz del cabello, gusto a canela, canto del canario flauta, luz violeta en la ventana, sombras moradas a ambos lados de la pieza, olor a viejo, a lana, a paquetes de cartas. Apenas ha concluido el análisis cuando la invade una violenta infelicidad, una opresión física como un bolo histérico que le sube a las fauces y le impulsa a correr, a marcharse, a cambiar de vida; cosas a las que una profunda inspiración, cerrar dos segundos los ojos y llamarse a sí misma estúpida bastan para anular fácilmente. 
La juventud de Paula ha sido triste y silenciosa, como ocurre en los pueblos a toda muchacha que prefiera la lectura a los paseos por la plaza, desdeñe pretendientes regulares y se someta al espacio de una casa como suficiente dimensión de vida. Por eso, al apartar ahora los claros ojos del tejido —un pull-over gris simplísimo—, se acentúa en su rostro la sombría conformidad del que alcanza la paz a través de moderado razonamiento y no con el alegre desorden de una existencia total. Es una muchacha triste, buena, sola. Tiene veinticinco años, terrores nocturnos, algo de melancolía. Toca Schumann en el piano y a veces Mendelssohn; no canta nunca pero su madre, muerta ya, recordaba antaño haberla oído silbar quedamente cuando tenía quince años, por las tardes. 
—Sea como sea —pronuncia Paula—, me gustaría tener aquí unos bombones. 
Sonríe ante la fácil y ventajosa sustitución de anhelos; su horrible ansiedad de fuga se ha resumido en un modesto capricho. Pero deja de sonreír como si le arrancaran la risa de la boca: el recuerdo de la mosca se asocia a su deseo, le trae un inquieto temblor a las manos vacantes. 
Paula tiene diez años. La lámpara del comedor siembra de rojos destellos su nuca y la corta melena. Por sobre ella —que los siente altísimos, lejanos, imposibles—, sus padres y el viejo tío discuten cuestiones incomprensibles. La negrita sirvienta ha puesto frente a Paula el inapelable plato de sopa. Es preciso comer, antes que la frente de la madre se pliegue con sorprendido disgusto, antes que el padre, a su izquierda, diga: «Paula», y deposite en esa simple nominación una velada suerte de amenazas. 
Comer la sopa. No tomarla: comerla. Es espesa, de tibia sémola; ella odia la pasta blanquecina y húmeda. Piensa que si la casualidad trajera una mosca a precipitarse en la inmensa ciénaga amarilla del plato, le permitirían suprimirlo, la salvarían del abominable ritual. Una mosca que cayera en su plato. Nada más que una pequeña, mísera mosca opalina. 
Intensamente tiene los ojos puestos en la sopa. Piensa en una mosca, la desea, la espera. 
Y entonces la mosca surge en el exacto centro de la sémola. Viscosa y lamentable, arrastrándose unos milímetros antes de sucumbir quemada. 
Se llevan el plato y Paula está a salvo. Pero ella jamás confesará la verdad; jamás dirá que no ha visto caer la mosca en la sémola. La ha visto aparecer, que es distinto. 
Todavía estremecida por el recuerdo, Paula se pregunta la razón de no haber insistido, alcanzado la seguridad de lo que sospecha. Tiene miedo: ésa es la respuesta. Toda su vida ha tenido miedo. Nadie cree en las brujas, pero si descubren una la matan. Paula ha guardado en el vasto cofre de sus muchos silencios una íntima seguridad; algo le dice que ella puede. Ha dejado irse la infancia entre balbuceos y esperanzas; está viendo pasar su juventud como una tristísima diadema suspendida en el aire por manos vacilantes, deshojándose despacio. Su vida es así; tiene miedo, quisiera comer bombones. Los pull-overs y las mañanitas se amontonan en los armarios; también los manteles finamente diseñados con motivos de Puvis de Chavannes. No ha querido adaptarse al pueblo; Raúl, Atilio González, el pálido René, son testigos de antaño; la quisieron, la buscaron, ella les sonrió al rechazarlos. Los temía como a sí misma. 
—Sea como sea, me gustaría tener aquí unos bombones. 
Está sola en la casa. El viejo tío juega al billar en el Tokio. Empieza Paula a sentir la tentación, por primera vez intensa hasta darle náuseas. Por qué no, por qué no. Afirma preguntando, pregunta al afirmar. Es ya algo fatal, hay que hacerlo. Y como aquella vez, concentra su deseo en los ojos, proyecta la mirada sobre la mesa baja puesta al lado de la mecedora, toda ella se lanza tras su mirada hasta sentir de sí misma como un vacío, un gran molde hueco que antes ocupara, una evasión total que la desgaja de su ser, la proyecta en voluntad... 
Y ve surgir poco a poco la materialización de su deseo. Finas láminas rosadas, reflejos tenues de papel de plata con listas azules y rojas; brillo de mentas, de nueces pulimentadas; oscura concreción del chocolate perfumado. Todo ello transparente, diáfano; el sol que alcanza el borde de la mesa percute en la creciente masa, la llena de translúcidas penetraciones; pero Paula fija todavía más la voluntad en su obra e irrumpe al fin la opacidad triunfante de la materia lograda. El sol es rechazado en cada pulida superficie, las palabras de las envolturas se afirman categóricas; y eso es una fina pirámide de bombones. Praline. Moka. Nougat. Rhum. Kummel. Maroc... 
La iglesia es ancha, pegada a la tierra. Las mujeres retardan con charlas su vuelta de misa, apoyando en la sombra espesa de los árboles placeros el deseo de quedarse. Han visto asomar a Paula bellamente vestida de azul, y la contemplan insidiosas en su furtivo camino solitario. El misterio de esa nueva vida las altera, las enajena; apenas puede tolerarse que el misterio resista tanta prolija indagación. El viejo tío ha muerto; Paula vive sola en la casa. Nunca hubo fortuna en la familia; pero ese vestido azul... 
Y el anillo; porque han visto el anillo centelleante que a veces, en los intervalos del cine local, se enciende con insolencia cuando Paula, mecánicamente, echa hacia atrás el ala vibrante de su pelo castaño. 
Paula reza diariamente en la iglesia del pueblo. Reza por sí, por su horrendo crimen. Reza por haber matado un ser humano. 
¿Era un ser humano? Sí lo era, sí lo era. Cómo pudo ella dejarse arrastrar por la tentación, invadir los territorios de lo anormal, desear una figurita animada que le recordara sus muñecas de infancia. El anillo, el vestido azul, todo estaba bien; no había pecado en desearlos. Pero concebir la muñeca viva, pensarla sin renuncia... Aquella medianoche, la figurita se sentó en el borde de la mesa sonriendo con timidez. Tenía pelo negro, pollera roja, corselete blanco; era su muñeca Nené, pero estaba viva. Parecía una niña, y con todo Paula presintió que una terrible madurez informaba ese cuerpo de veinte centímetros de alto. Una mujer, una mujer que su extravío acababa de crear. 
Y entonces la mató. Le fue preciso borrar la obra que fatalmente sería descubierta y atraería sobre ella el nombre y el castigo de las brujas. Paula conocía su pueblo; no tuvo valor de huir. Casi nadie huye de los pueblos, y por eso los pueblos triunfan. De noche, cuando la figurita silenciosa y sonriente se durmió sobre un almohadón, Paula la llevó a la cocina, la puso en el horno de gas y abrió la llave. 
Estaba enterrada en el patio del limonero. Por ella y por sí misma, la asesina rezaba, diariamente en la iglesia.
Es de tarde, llueve. Vivir es triste en una casa sola. Paula lee poco, apenas toca el piano. Quisiera algo, no sabe qué. Quisiera no tener miedo, evadirse. Piensa en Buenos Aires; acaso en Buenos Aires, donde no la conocen. Acaso en Buenos Aires. Pero su razón le dice que mientras se lleve a sí misma consigo el miedo ahogará su felicidad en todas partes. Quedarse, entonces, y ser pasablemente dichosa. Crearse una dicha hogareña, envolverse en el cumplimiento de mil pequeños deseos, de los caprichos minuciosamente destruidos en su infancia y su juventud. Ahora que ella puede, que lo puede todo. Dueña del mundo, si solamente se animara a... 
Pero el miedo y la timidez le cierran la garganta. Bruja, bruja. 
Para las brujas, el infierno. 
Las mujeres no tienen toda la culpa. Si creen que Paula vende en secreto su cuerpo es porque el origen de tan insólito bienestar les es incomprensible. Está la cuestión de su casa de campo. Las ropas y el auto, la piscina, los perros finos y el abrigo de visón. Pero el amante no habita en el pueblo, eso es seguro; y Paula no se aleja casi nunca de su residencia. ¿Habrá hombres tan poco exigentes? 
Ella cosecha las miradas, recoge comentarios por boca de pocos amigos de familia que acuden a veces, con lenguaje libre de preguntas, a beber una taza de té. Sonríe tristemente y dice que no le importa, que es feliz. Sus amigos, antiguos cortejantes convencidos del imposible, comprueban tanta felicidad en la mirada de Paula. Ahora hay como un brillo de fósforo en sus pupilas claras. Cuando vierte el té en las finas tazas su gesto tiene algo de triunfante, contenido por un carácter tímido que se rehuye a sí mismo la ostentación de lo logrado. 
A solas, Paula recuerda su labor de demiurgo; la lenta, meticulosa realización de los deseos. El primer problema fue la casa; tener una casa en las afueras del pueblo, con la comodidad que su ocio reclamaba. Buscó el lugar, el ambiente; cerca del camino real, aunque no excesivamente cerca. Tierras altas, aguas sin sal. Creó dinero para adquirir el terreno y estuvo por confiarse a un arquitecto para que le construyera la residencia. Sin embargo la detenía el temor de manejar cuestiones financieras, acrecentar sospechas latentes en todo saludo, más precisamente en los muchos silencios desdeñosos. Una tarde, a solas en su tierra, pensó crear la casa pero tuvo miedo. La vigilaban, la seguían; en los pueblos una casa no brota de la nada. No debe brotar de la nada. Había que acudir al arquitecto, entonces; Paula dudaba, amedrentándose ante cada problema. Irse del pueblo hubiera concluido con todo; eso y ser valiente: los imposibles. 
Entonces hizo algo grande: crear, no la casa, sino la construcción de la casa. Aplicándose noche y día, logró que la residencia fuera edificada sin despertar en nadie el temido azoramiento. Creó paso a paso la construcción de su finca, y aunque hubo días en que se preguntó qué harían los obreros al concluirla, tuvo al fin la satisfacción de ver que aquellos hombres se marchaban en silencio, contando su dinero. Entonces entró en su casa, que era verdaderamente hermosa, y se dedicó a amueblarla poco a poco. 
Era divertido; tomaba una revista, en busca de un ambiente que la complaciera, elegía el lugar preciso y creaba cosa por cosa esas predilectas imágenes. Tuvo gobelinos; tuvo un tapiz de Teherán; tuvo un cuadro de Guido Reni; tuvo peces chinescos, perros pomerania, una cigüeña. Los pocos amigos que acudían a la casa eran recibidos en habitaciones prolijas, de discreto gusto burgués; Paula los esperaba cordialmente, los llevaba a pasear por la casa y los jardines, mostrándoles los crisantemos y las violetas; y como ella era la discreción misma, los visitantes bebían su té y se marchaban de la residencia sin descubrir nada nuevo. 
Integró una biblioteca con volúmenes rosa, tuvo casi todos los discos de Pedro Vargas y algunos de Elvira Ríos; llegó un momento en que ya poco deseaba y su capricho sólo halló ejercicio en alguna golosina, un perfume nuevo, una sazón de pescado. Pero después Paula quiso tener un hombre que la amara, y aunque vaciló largo tiempo entre recibir en su lecho a cualquiera de sus fieles pretendientes o crear un ser que cumpliera en todo sus románticas visiones de antaño, comprendió que no había alternativas y que le era forzoso decidirse por lo último. Un amante del pueblo hubiera preguntado, inquirido hasta descubrir, más allá de la sonrisa, el poder de la bruja. Y entonces hubiera sido el terror, la persecución, la locura. 
Creó su hombre. Su hombre la amó. Era bello, fino, se llamaba Esteban, jamás quería salir de la casa: así tenía que ser. Ya enteramente aislada de sus semejantes, Paula negó el té a los amigos y éstos presintieron la regencia de un macho en la casa. Tristes de corazón, se volvieron al pueblo. 
Ella recuerda ahora su labor de demiurgo. Es casi de noche; Paula no está triste y sin embargo hay una mano fría que se apoya en su pecho, cubriéndole el hueco entre los senos con una firme opresión. «Estoy cansada», se dice. «He tenido que pensar tanto, que desear tanto...». Comprende, sin palabras, la tremenda fatiga de Dios. También ella necesita su séptimo día para ser enteramente feliz. 
Esteban se reclina a su lado, mirándola con hondos ojos negros; le sonríe, un poco como un hijo. 
—Paula —murmura. 
Ella le acaricia el pelo sin hablar. Es difícil no sentirse maternal con ese muchacho demasiado sensible, desasido de todo lazo humano, íntegramente dado a la tarea de adorarla. Esteban no hace preguntas, parece estar siempre esperando su voz. Es mejor así. 
Y de pronto, como una lejana llamada de cuernos, Paula tiene la débil pero distinta sensación de estar enferma, de que se va a morir, de que el séptimo día viene sin aplazo posible. 
Cuando los dos médicos retornan al pueblo, es bien poco lo que tienen que decir. Lo mismo al siguiente día. En la tarde del tercero, el automóvil de los médicos rodea la plaza y se detiene ante la cochería principal. 
Es entonces que los amigos de Paula deben luchar contra el desatado rencor de todo un pueblo cristiano. Las esposas, las hermanas, los profesores de moral lugareña; hay quienes aspiran a que Paula se corrompa en la soledad de su casa, libre y abandonada como su vida. Lo que se elige en este mundo ha de mantenerse en el otro. Y son pocos, apenas cinco hombres silenciosos, los que acuden por la noche a la residencia para velar el cadáver de la amiga. 
Los empleados de la cochería y dos mujeres de la granja vecina han puesto a la muerta en el ataúd y montado la capilla ardiente. Los amigos encuentran, casi sin sorpresa, a Esteban. Lo ven por primera vez, estrechan su mano. Esteban parece no comprender; está sentado en un alto sillón de respaldo calado, a la derecha del cadáver. A intervalos se levanta, va hasta Paula y la besa en la boca; un beso fresco, fuerte, que los amigos contemplan con espanto. El beso de un joven guerrero a su diosa antes de la batalla. Después vuelve Esteban a su asiento y se inmoviliza, mirando por encima del ataúd hacia la pared. 
Paula ha muerto al atardecer y es medianoche ya. Los amigos están solos, con ella y Esteban. Afuera hace frío y algunos piensan en el pueblo, en las botellas de agua caliente de los lechos, en los boletines de radio. 
En semicírculo miran a Paula que yace sin esfuerzo, como por fin liberada de una carga superior a sus pequeños hombros que han conservado siempre algo de la forma niña. Las larguísimas pestañas vierten una mínima sombra sobre los pómulos grises. Los médicos han dicho que su muerte ha sido lenta pero sin lucha, como una madurez de fruto. Y por los cinco amigos pasa, alternativamente, el mismo tierno y manido pensamiento: «Parece dormida». 
¿Por qué entra tanto frío en la habitación? Es repentino, por bocanadas crecientes. Tal vez un frío que nace de adentro, piensan los amigos; suele sentirse en los velatorios. Un poco de coñac... Y cuando uno de ellos mira a Esteban, rígido en su sillón, siente como un horror que repentinamente le crece y le invade el pelo, las manos, la lengua; a través del pecho de Esteban está viendo los calados del respaldo del sillón. Los otros siguen su mirada y lividecen. El frío sube, sube como una marea. Más allá de la puerta cerrada se yergue de pronto la masa espesa del monte de eucaliptos bañado de luna; y ellos comprenden que lo están viendo través de la puerta cerrada. Ahora son las paredes que ceden ante el paisaje del campo, la granja vecina, todo bajo una cruda luz de plenilunio; y Esteban es ya una burbuja de gelatina, bello y lamentable en su sillón que cede como él ante el avance de la nada. Del techo entra un chorro de luz plateada quitando nitidez a los resplandores de la capilla ardiente. Por la suela de los zapatos sienten ahora los cinco amigos filtrarse una humedad de tierra fresca, con césped y tréboles, y cuando se miran, incapaces de pronunciar la primera palabra de la revelación, están ya solos con Paula, con Paula y la capilla ardiente que se levanta desnuda en medio del campo, bajo la luna inevitable. 

Publicado en 1943 

 

 

Efemérides lunares

Las lunas de septiembre a diciembre del 2011 son las siguientes:

 

Cuarto creciente4 septiembre 201119:40:19
Luna llena12 septiembre 201111:27:28
Cuarto menguante20 septiembre 201115:40:20
Luna nueva27 septiembre 201113:09:14
Cuarto creciente4 octubre 201105:16:05
Luna llena12 octubre 201104:07:18
Cuarto menguante20 octubre 201105:31:41
Luna nueva26 octubre 201121:56:46
Cuarto creciente2 noviembre 201117:38:39
Luna llena10 noviembre 201121:18:09
Cuarto menguante18 noviembre 201116:10:11
Luna nueva25 noviembre 201107:11:08
Cuarto creciente2 diciembre 201110:52:47
Luna llena10 diciembre 201115:38:21
Cuarto menguante18 diciembre 201101:48:50
Luna nueva24 diciembre 201119:08:21

 

 

 

El 13 celebramos el esbat de la luna tormentosa

Se acercan las tormentas que dan lugar a que la tierra deje brotar las primeras plantas de primavera. Es tiempo de comienzos, y de lavar con la lluvia nuestras penas y lo que atormenta nuestros corazones.

 

En el cáliz podemos tener un jugo cítrico (por ejemplo limón), y bajo la luna llena limpiar con esta tormenta nuestras aflicciones a medida que tomamos lentamente el jugo. Juntemos la noche del esbat agua de luna en un recipiente para futuros hechizos.

 

 

LABORATORIO DE PSICOANÁLISIS

LABORATORIO

DE PSICOANÁLISIS – FILOSOFÍA – POLÍTICA – RELIGIÓN

KIERKEGAARD –  FREUD –  NIETZSCHE – HEGEL – KUSCH

Coordina Héctor Fenoglio

 

 

____SEPTIEMBRE – OCTUBRE – NOVIEMBRE____

INOCENCIA Y MALDAD

Sexualidad y Muerte

Una interpretación filosófica-psicoanalítica

del pecado original según el mito del GÉNESIS

 

 

INICIA LUNES 5 DE SEPTIEMBRE – 20hs.

 

 

No encontraremos lo que queremos

hasta que no dejemos de buscarlo

 

El pecado original cometido por Adán y Eva consistió, según lo interpreta la iglesia, en una gravísimatransgresión moral que fue castigada con la expulsión del paraíso. Y esta mancha, según dicen, contaminó a las siguientes generaciones. Ahora todos nacemos en pecado.

Podemos tomar este mito como un cuentito sin consecuencias, pero lo que no podemos hacer es dejar de vivir la sexualidad como algo pecaminoso que debemos ocultar y alejar de los niños, por ejemplo. La idea de pecaminosidad está más viva que nunca, y sigue provocando los efectos mortificantes que todos conocemos. La iglesia y la moral, en conjunción con la familia, las leyes y todas las demás sacrosantas instituciones, son los agentes encargados de garantizar el estricto funcionamiento de una extensa y poderosa maquinaria culpabilizante y moralizadora que oprime la vida. Y esta maquinaria, como sabemos, no sólo nos esclaviza desde afuera sino también, y muy especialmente, desde dentro de nosotros mismos.

Pero hay otra interpretación diferente a la de la iglesia. Esta otra interpretación afirma que el pecado consiste en haber caído en este estado existencial penoso, enfermizo y en perpetuo conflicto consigo mismo, generado por el imperio de ley y la escisión del espíritu. Esa caída no es ajena a nuestras acciones. Cuando vivimos empeñados, conciente y deliberadamente, en alcanzar un objetivo supuestamente benéfico, tanto sea el bien, la felicidad o la revolución, objetivo siempre futuro y exterior a nosotros mismos, caemos en una escisión mortífera entre el presente y el futuro, entre medios y fines, entre lo que es y lo que queremos que sea, entre lo que somos y lo que pretendemos ser, caemos en una escisión de la que no hay escapatoria y de la que no podemos esperar más que nuestra ruina.

 ¿Por qué la sexualidad es vivida como algo malicioso y hasta peligroso y malsano? ¿Qué maleficio hace que casi nunca nos sintamos conformes y en paz con nosotros mismos y casi siempre como peces prisioneros en un acuario mirando con congoja la vida plena al otro lado de los verdinosos vidrios? ¿Hubo un tiempo en que éramos plenos?

 Thomas Merton en El camino de Chuang Tzu dice: «En la era en que la vida sobre la Tierra era plena, nadie prestaba atención a los hombres valiosos, ni señalaba al hombre de habilidad. Los gobernantes eran simplemente las ramas más altas del árbol, y el pueblo era como los ciervos en los bosques. Eran honestos y justos, sin darse cuenta de que estaban “cumpliendo con su deber”. Se amaban los unos a los otros, y no sabían que esto significaba “amar al prójimo”. No engañaban a nadie y aun así no sabían que eran hombres de “fiar”. Eran íntegros y no sabían que aquello era “buena fe”. Vivían juntos libremente, dando y tomando, y no sabían que eran “generosos”. Por esta razón, sus hechos no han sido narrados. No hicieron historia».

Este talante espiritual de la inocencia original, donde no había escisión, no está irrevocablemente perdido ni es algo que no pueda ser recuperado. A contrapelo del camino religioso de la redención, y de la supuesta imposibilidad estructural que algunos iluminados del psicoanálisis aseguran, ese clima primordial aún está en nosotros y es nuestro, aunque no lo sepamos. Ese camino sigue abierto y viene siendo señalado desde la antigüedad, desde el Tao hasta el psicoanálisis, pasando por la filosofía y el cristianismo primitivo.

El laboratorio no pretende ser una praxis superadora de estos problema, tan sólo intenta una interpretación filosófica-psicoanalítica desde un punto de vista no religioso en sentido corriente, pero tampoco cientificista ni teórico, sino existencial, como un aporte más a nuestra praxis de liberación personal y social. Nuestra interpretación busca apropiarse del sentido profundo del mito de la caída, separando, como se separa la paja del trigo, su luminoso secreto de la ideología culpabilizante y moralizadora con la que iglesia infectó al mundo.

No es posible pensar esta nefasta ideología encarnada de la culpa, el castigo y la recompensa sin comenzar a expulsarla, con gran esfuerzo, de nuestra propia vida, pues ella también habita en nosotros y, querámoslo o no, nos domina. Al mismo tiempo, como experimentamos que el espíritu liberador que también nos habita es siempre uno y el mismo, es que entrecruzaremos pensadores decisivos de la filosofía, la política, la religión y el psicoanálisis, como Kierkegaard, Freud, Hegel, Nietzsche, Kusch y otros.  

 

DESTINATARIOS: El laboratorio está dirigido a todos los interesados en el tema, pues éstos son asuntos que implican tanto al lego como a especialistas de diversas formaciones: políticos, abogados, sociólogos, psicólogos, antropólogos, cientistas políticos, etc. Se utilizará un lenguaje llano, evitando la jeringoza tan grata a los especialistas, y se trabajará con el objetivo de alcanzar mayor poder y lucidez para pensar nuestras vidas y nuestras practicas sociales.

 

         MÉTODO DE TRABAJO: A diferencia de un curso, que apunta a la trasmisión de un conocimiento ya establecido, y de un taller, que busca el atravesamiento de una experiencia, un laboratorio tiene por objetivo desarrollar un espacio de experimentación y elaboración. Para ello, nuestro laboratorio utilizará diversas modalidades de trabajo grupal e individual: clases, conferencias, ateneos, monografías, etc. Hay un coordinador general y nos visitarán destacados especialistas en estos temas.

 

         CONTINUIDAD: el laboratorio continuará con otros módulos durante el verano y el año 2012.

 

 

         COORDINACIÓN:

         Coordinador general: Héctor C. Fenoglio

         • Psicoanalista.

         • Lic. en Psicología - UBA.

         • Docente de la Facultad de Psicología-UBA y del Ciclo Básico Común-UBA entre 1984 y 1994.

         • Coordinador Clínico de Servicio de Atención para la Salud (SAS) entre 1989 y 1994.

         • Fundador y Coordinador del Taller de Pensamiento-UBA entre 1989 y 2002.

         • Fundador y miembro de la Biblioteca Kierkegaard-Argentina 2000.

         • Director de la revista PARTE DE GUERRA 1997-2002.

         • Autor del libro LA TELÉPATA, un psicoanálisis de la alucinación y el delirio, Ed La Puerta, 2010.

         • Autor de numerosos artículos y otros escritos en publicaciones nacionales y extranjeras.

         • Fundador y actual Director de LA PUERTA Centro de salud, arte y pensamiento. Buenos Aires.

         Coordinadora auxiliar: Carolina Pinochi

         • Lic. en Psicología – USAL

         • Docente de Psicología 

 

         BIBLIOGRAFÍA:

         • El libro del Génesis.

         • Søren Kierkegaard. El concepto de la angustia.

• Sigmund Freud, Totem y Tabú Lecciones introductorias al psicoanálisis, Lección XX: La vida sexual humana.

• www.fenogliohector.blogspot.com

         Además:

         • Søren Kierkegaard. Las obras del amor, Tomo I, y Temor y Temblor.

         • John Milton, El Paraíso perdido.

         • Emanuel Swedenborg, El cielo y el infierno

         • Antonin Artaud, Cartas desde Rodez.

• Federico Nietzsche, El Anticristo y La genealogía de la moral.

         • Thomas Merton, El camino de Chuang Tzu.

         • Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas.

         • Rodolfo Kusch, El pensamiento indígena y popular en América.

 

MODALIDAD DE CURSADA: PRESENCIAL.

         Septiembre, Octubre, Noviembre 2011.

         INICIA: Lunes 5 de Septiembre.

         1) un encuentro semanal los lunes de 20-22hs en el Centro La Puerta, Sánchez de Bustamante 549, CABA.

2) Foro de discusión por Internet.

         Costo mensual $180. Estudiantes $100.

 

         INFORMACIÓN: Centro de Salud, Arte y Pensamiento LA PUERTA, Sánchez de Bustamante 549, CABA, 4864-7949 / 3967-8573, 

contacto@centrolapuerta.com.ar

www.lapuertacentro.blogspot.com

Oratoria en Nueva Acrópolis

Curso Intensivo de ORATORIA.
Aprendé a expresar tus ideas e influir en tu audiencia


 

OratoriaHoy en día aprender Oratoria es de una enorme importancia ya que sirve para todas las actividades de la vida diaria (trabajo, ocia, familia, amigos). Aprender a expresarse correctamente, dejando claro lo que queremos transmitir, es algo que todos deseamos. Sea cual fuera el campo en el que se la quiera aplicar, la Oratoria sirve para poder expresar mejor las ideas, puntos de vista o temas de conocimiento en general.

El manejo de la Oratoria permite superar las naturales limitaciones del ser humano, como pueden ser elmiedo o la timidez, pudiendo así expresar claramente las ideas e influir positivamente a cualquier audiencia.

Este curso intensivo está preparado para que desarrolles y potencies tu capacidad de expresión descubriendo todos los aspectos que influyen en la comunicación, aprendiendo a utilizarlos para aumentar la efectividad de tu discurso radicalmente.

El curso tiene una modalidad teórico-práctica dictado en forma de taller. En cada clase, se brinda la posibilidad a cada participante de ejercitar lo que va aprendiendo, y así desarrollar nuevas habilidades y vencer sus limitaciones.

El curso se dicta a grupos reducidos, asegurando de esta forma la instrucción personalizada y la correcta adaptación a las necesidades de cada integrante.

Qué te aportará el curso:

    * Mayor seguridad y confianza al enfrentar un público
    * Manejo del cuerpo y de la voz
    * Desarrollo de tu capacidad de expresión
    * Mayor eficiencia en la comunicación individual y colectiva
    * Capacidad para ordenar las ideas y elaborar un discurso


Puntos fundamentales que se tratarán:

  • Hablar en público
  • Cómo vencer el temor al público
  • La respiración
  • La dicción y la voz
  • Posturas adecuadas
  • La emotividad y la empatía con el público
  • Métodos de expresión y lenguaje de los gestos
  • Cómo organizar las ideas
  • Cómo preparar una exposición

Dirigido a: toda persona que desee desarrollar nuevas competencias para mejorar su desarrollo laboral y relacionamiento personal.

Próximos inicios de curso

Sede Central
Amenábar 863
Belgrano
4784-7476
Lunes 05 de Septiembre a las 20 hs
Martes 13 de Septiembre a las 18 hs
Lunes 26 de Septiembre a las 18 hs

Sede San Isidro
Av. Libertador 16051
San Isidro
4743-6079

Miércoles 07 de Septiembre a las 20 hs

 

Duración: 8 hs (divididas en 4 clases de 2 hs)

Material de estudio: Manual incluido en el costo del curso

Cupos limitados: Se tomarán reservas telefónicas, vía mail o personalmente, pero sólo quedará confirmada la inscripción una vez que se haya cancelado el costo del curso

 

  • Se entregan certificados de asistencia
  • Más de 53 años trabajando en la capacitación y formación
  • Sedes en más de 50 países en los cinco Continentes
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